miércoles, 2 de marzo de 2011

¿Qué pasa en Islandia?

En estas últimas semanas el mundo árabe está en plena rebelión, y de ello nos están constantemente bombardeando nuestros medios de formación de masas, pero poco nos cuentan de lo que está pasando en un país europeo (en realidad una isla-estado con una población de poco más de los 300 mil habitantes). Resulta que debido a la crisis económica, la población de Islandia se ha rebelado contra su mal gobierno y se niega a seguir los dictámenes del FMI. Aquí os pongo dos artículos, del mismo autor, extraidos de El Periódico de Aragón del mes pasado:

Una revolución silenciada

Por Juan Manuel Aragüés *


Los islandeses se han rebelado contra su gobierno, exigiendo que no se pague la deuda de los bancos

La información ha sido siempre un arma de poder. Controlar la información es controlar lo que la gente conoce y, por lo tanto, condicionar su visión de la realidad y, con ella, sus acciones. En nuestras sociedades mediáticas, la información se ha convertido en el centro de la batalla política, pues el acceso de los ciudadanos al mundo, a la realidad, se realiza a través de los medios de comunicación. Su potencia se ha podido comprobar estos días con los sucesos del Magreb, donde las movilizaciones se han extendido como la pólvora gracias a la televisión e Internet.

Lo que no aparece en los medios, no sucede. Esa es la máxima que se ha debido de aplicar con el extrañísimo caso de Islandia. Sí, Islandia. Islandia debería ser noticia, portada de informativos. ¿Por qué? Pues porque en Islandia, la población ha tomado las calles, cacerola en mano, para mostrar su radical oposición a su gobierno. Y la movilización ciudadana no solo ha provocado dos crisis de gobierno, sino que ha forzado un proceso constituyente, la redacción de una nueva Constitución que evite que se repitan situaciones como las que se han producido a lo largo de esta crisis global. ¿Y qué situaciones son esas?

Los tres bancos principales de Islandia se lanzaron, al abrigo del neoliberalismo rampante, a una política de compra de activos y productos fuera de sus fronteras. Como ha ocurrido con numerosas entidades bancarias, esos productos resultaron ser basura, de esa que a Rodrigo Rato le parecía una estupenda apuesta financiera cuando era director del FMI, lo que llevó a las citadas entidades a la bancarrota por sus deudas en Holanda y Gran Bretaña. El gobierno islandés procedió a nacionalizar los bancos y a asumir sus deudas. Ello supuso que cada ciudadano de Islandia se encontrara con una deuda de 12.000 euros. Como ocurre por todas partes del planeta, la mala gestión de entidades privadas debe ser enjugada por instituciones públicas y, por lo tanto, por la ciudadanía en su conjunto.

La diferencia radica en que los ciudadanos islandeses, ante el escándalo de la situación —escándalo que es asimilable al que sucede en todos los países occidentales— se rebelaron contra su gobierno. Así, se lanzaron a la calle, exigiendo que no se pagara la deuda de otros. Unos otros que cuando tienen beneficios no se acuerdan de los ciudadanos y los estados, pero que recurren ansiosos a ellos cuando se encuentran en situaciones de apuro. El gobierno, que insistía en pagar la deuda, por la presión del FMI y de los gobiernos de Holanda y Gran Bretaña, se vio forzado a convocar un referéndum, en el que el 93% de la población se negó a pagar la deuda de otros. Ello provocó una crisis política de profundas dimensiones que ha desembocado en dos crisis de gobierno y en la creación de una comisión de ciudadanos de a pie encargados de redactar una nueva Constitución. Los islandeses se han hartado de que les tomen el pelo y han decidido tomar su destino en sus propias manos.

El caso es sorprendente. Pero lo que quizá sea más sorprendente es que este proceso, que se viene desarrollando en los dos últimos años y que está en plena efervescencia, con una ofensiva del Partido Conservador para declarar ilegal el proceso constituyente (¡qué miedo tienen los conservadores de toda laya a la ciudadanía!), que este proceso, insisto, no haya merecido un solo comentario en los informativos. Cuando los volcanes de Islandia estallaron hace meses, sus cenizas cubrieron Europa y provocaron un enorme caos aéreo. Probablemente, el temor de que las cenizas del volcán político islandés provocaran efectos sociales en Europa es una explicación plausible de este silencio. El efecto contagio, lo hemos visto en el Magreb, es una de las características de la sociedad mediática.

Los islandeses nos muestran un camino diferente para salir de la crisis. Tan sencillo como decir basta y recordar que la política, y quienes la ejercen, debe estar al servicio de la ciudadanía, y no de los intereses de entidades privadas cuya voracidad, cuyo egoísmo, cuya falta de ética (véase el caso de los recientes bonus por 25 millones de euros a directivos de Cajamadrid) está en el origen de esta crisis. En Islandia se ha cursado orden de detención contra los ejecutivos de las entidades en cuestión. En Islandia, arrinconando a los partidos sistémicos, empeñados, como aquí, en someterse a los dictados de los mercados, la ciudadanía se ha convertido en protagonista. Los islandeses lo han dicho claro: que las deudas las paguen los que las generan, que la crisis la pague los que la han producido.

El Periódico de Aragón. 17/02/2011

Islandia no, Magreb sí


Las movilizaciones en Islandia no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación

Siguiendo con la cuestión que abordaba hace unos días, la silenciada revolución islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama político de esta pequeña nación europea, hay que preguntarse cuál es el motivo de que un hecho de estas características no haya tenido reflejo mediático, mientras que cada día nos desayunamos, comemos y cenamos (TVE ha llegado a tener tres periodistas en El Cairo) con los sucesos del Magreb, con las revueltas populares de Túnez, Egipto o Libia.

Vaya por delante que entiendo que lo normal es lo que está sucediendo, informativamente hablando, con el Magreb, es decir, que sucesos de tal transcendencia sean recogidos por los medios. Lo que resulta sorprendente, desde esa presunta objetividad de los medios, encargados, en teoría, de contarnos lo que sucede, es el silencio que se cierne sobre Islandia. Porque, si en Islandia ocurren cosas, ¿por qué no nos las cuentan? Por ello, me atreveré a proponer una hipótesis explicativa.

El tratamiento que los medios están realizando de los acontecimientos del Magreb subraya que son movilizaciones de carácter democrático contra regímenes de carácter autoritario. No vamos a entrar ahora a valorar que, de la noche a la mañana, regímenes amigos, y en algunos casos puestos como ejemplo, véase Túnez, se hayan convertido en feroces dictaduras a las que ese faro de la libertad y la democracia que se llama Occidente exige respeto a los derechos humanos y libertades. No vamos a hablar de ello, ni de esa hermana monarquía marroquí, tan amada por nuestra Corona. Lo que sí voy a subrayar es que se describen las movilizaciones como movilizaciones de ciudadanos, se ha dicho textualmente, que «quieren ser como los europeos». Es decir, somos tan magníficos que todo el planeta desea ser como nosotros. Resulta difícil saber con qué objetivos se mueven las masas en el Magreb, incertidumbre que, en el fondo, carcome a nuestros gobiernos. Sin duda, los proyectos políticos serán diversos: desde islamistas radicales hasta liberales, pasando por comunistas, nacionalistas, etc. Pero el mensaje mediático es claro: quieren ser como nosotros. Es una manera de subrayar lo afortunados que somos, pues no tenemos que recurrir a poner en peligro nuestras vidas para alcanzar la libertad: ya somos libres. Tanto, que somos la envidia del planeta. Podemos continuar con nuestra siesta democrática, abismados ante la televisión, y decidir con tranquilidad, y muy democráticamente, quién nos representa en Eurovisión o si la mano del defensa en el área fue o no penalti. ¡Vote, vote usted!

Las movilizaciones en Islandia, ésas que se han cargado dos gobiernos, que han exigido el encarcelamiento de los jerifaltes económicos del país, que se han negado a asumir las deudas de los bancos, que han promovido una asamblea popular para redactar una nueva Constitución, que han dado un corte de mangas al FMI y a los mercados, esas movilizaciones no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación. Porque subirían al escenario a un pueblo que, lejos de doblegarse, de asumir deudas ajenas e imposiciones irracionales, ha dicho basta. El efecto de imitación que provocan los medios es brutal. La televisión estuvo en el centro de las revueltas de los países del Este, que comenzaron a imitarse los unos a los otros; lo ha estado en las revueltas del Magreb, con los efectos que estamos advirtiendo. Por eso es preciso silenciar a Islandia, o poner sordina a las diez huelgas generales de Grecia, no vaya a ser que a los europeos nos dé por pensar que, hombre, igual tienen razón los islandeses y ya vale de que nos tomen el pelo. Y empezáramos a reunirnos en las plazas, y a coger cacerolas, y a decirles a los Tanto-monta-Monta-tanto (PP-PSOE-CIU-PNV-PAR-CC) que hasta aquí hemos llegado.

Aquel volcán islandés de nombre impronunciable, aquel que llenó Europa de cenizas, sirve de perfecta metáfora para lo que acontece. El volcán político del norte debe ser silenciado, pues su nombre —no recuerdo bien si es democracia o participación popular—, en nuestras geografías políticas neoliberales, resulta impronunciable. Es preciso borrar las huellas de su erupción.

El Periódico de Aragón. 26/02/2011

* Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza.


Más sobre Islandia:

http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2011/04/lecciones-de-islandia.html

http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2011/05/algo-mas-sobre-islandia.html

5 comentarios:

Trecce dijo...

Si lo habrán silenciado que no tenía ni idea de este movimiento que se está produciendo en Islandia.

Jorge dijo...

Es de alabar lo que hace el pueblo islandes, que no es mas que defender lo que es suyo, e impedir que se lo roben por la mala gestión de unos pocos que tienen tanto poder.

Jesús Ruiz Pérez dijo...

Imprescindible.

Camachuelo De Fantobas dijo...

Lo de Islandia, no es ninguna excepción. Cualquiera que lleve unos años informándose a través de la Red, sabe que a través de la televisión no te vas a informar de nada...a parte claro esta del "pan y circo" que le dan al pueblo, para mantenerlo "idiotizado y robotizado" delante de la caja tonta. Y lo mejor de todo es que muchas personas, todavía se creen que son libres, si sois tan libres, dejar de pagar la hipoteca y veremos que ocurre! O si pierdes el trabajo ya veremos que te ocurrirá, veremos lo preparado que estas, pero eso sí, luego le echáis la culpa al Gobierno o al vecino, la cuestión es que nosotros nunca tenemos culpa de nada. Que los hijos no están bien educados, eso es culpa de la escuela, que me han echado del trabajo por bajo rendimiento, es culpa del empresario. No será más bien que mientras otros se están formando constantemente, tú has estado pasando horas delante de la “caja tonta”, la Play, drogándote, en definitiva, perdiendo el poco tiempo que tienes…
Y desde la red os reto a que busquéis información sobre cosas, que los que tienen el poder no quieren que te informes...o sepas.
Buscad sobre un tal Fritz Springmeier, al que metieron 9 años en prisión, supuestamente por robar bancos, buscar sobre un tal Alex Jones (InfoWars), buscar sobre Daniel Estulin, David Icke, Christopher Everard, Projecto Haarp, Vacunas, 11S, Masonería, Sectas, etc., la lista es casi infinita. A todos nos suena un tal Julian Paul Assange, verdad? Un violador?, Springmeier un atracador?, que lleva toda su vida investigando a los Illuminati. A quien le importa todo esto, si el Madrid o el Barça ha perdido, si Hamilton ha llegado antes que Alonso, si la Kournikova las lleva de color rosa o blancas, eso sí que es importante. Y luego algunos políticos se preguntan que porque nuestro modelo educativo no pueden ser como el finlandés, je,je, pues muy fácil, porque las cosas se consiguen con tesón y mucho esfuerzo.
Pero no os preocupéis que mientras tengáis para tabaco, porretes , priva, haceros unos piercing, tatoos y podáis ir con la "churri" en el carro nuevo a comeros unas bravas y unos chocos, lo demás no importa, "sois libres". Seguro que eso lo habéis decidido vosotros? Je,je,je
Y los que vais en carrazos, tenéis casa en la costa, en la montaña para ir a esquiar una vez al año, etc... "también sois libres!!!" y tenéis el control de vuestras vidas!!!, je,je,je, ya veremos el día que acabéis en un hospital, lo libres que sois y el control que tenéis sobre vuestra vida.
Pero si me he enterado que Sandra Barneda la copresentadora con Jordi González es “bollera” joder a quien le importa Islandia!!!!! Y quien le importa que desde hace poco se esté juzgando a un criminal genocida Khmer Rouge que asesinó a miles de personas.
Tenemos lo que nos merecemos, no busquéis a ningún culpable, cada uno de nosotros somos culpables de algo, tanto de hacer como de no hacer, hay que predicar con el ejemplo y reprender cierto tipo de conductas. Y sobre todo voten al más guapo/a al mas carismático/a, PORQUE YO SOY LIBRE!!!, soy tan libre que no puedo votar mas que una lista cerrada e impuesta por algún partido político. Bueno me voy a tomar una clara y una bravas…. Volveré.

KRATES dijo...

«¡Tenemos lo que nos merecemos?» Lo dudo. El mundo, los seres humanos somos tan diversos y complejos, que dividir la humanidad, o darlo a entender, entre los que ven Internet o la televisión, entre listos y tontos, las «hormigas» y las «cigarras», no es así. Cada cúal es responsable de sus actos, pero los actos de cada cual dependen de una circunstancias determinadas, y las circunstancias son el resultado de algo social, etc. No nos líemos.

Por mucho que alguien se forme, hay muchas cosas más que inciden en el «destino» de la gente. No me considero superior ni inferior a nadie, más bien igual (iguales en la diferencia) o, mejor dicho, diverso, no un clon.

Y decir que somos libres o no, es algo secundario e irrelevante. Reto a todo el mundo que defienda su «libertad individual» a que me escriba: «YO SOY LIBRE Y ESTA ES MI PRUEBA». Y yo le demuestro que no lo es.